06
Ago
08

Violencia y menores…

Niños y adolescentes en una casa con maltrato

 

A menudo nos identificamos con la mujer maltratada e intentamos ponernos en su lugar cuando recibe golpes e insultos de su pareja. Pero, ¿qué sucede con el resto de la familia?

 

Las situaciones pueden ser diversas: niños de parejas anteriores, niños de la propia pareja y por lo tanto hijo del maltratador, adolescentes, abuelos mayores, etc. Puede suceder que el maltrato se dé sólo a la mujer y que el resto de los miembros de la familia salga indemne aparentemente. El padre arremete contra la madre y los hijos o abuelos no tienen nada que ver en esa reacción. El comportamiento del padre hacia ellos es normal.

 

Conociendo los mecanismos que activan al maltratador, es difícil que se mantenga sereno con el resto de la familia. Al actuar por impulso y sin control, arremeterá con todo el que se le ponga por delante en ese momento. Aunque no se pueda considerar un maltrato físico ni psicológico, no cabe duda de que a estas personas les quedará una gran huella para etapas posteriores. Han vivido los golpes en la habitación de al lado, callados y a la expectativa.

 

Han sufrido la ansiedad de una madre que temía el momento de llegar a casa, la falta de comunicación con un padre que cada vez estaba más deteriorado, y en muchos casos viven las discusiones de primera mano al ponerse del lado del maltratado y enfrentándose al maltratador, acompañando a la madre a urgencias y llamando a la policía. Vive la indefensión de la madre y en muchos casos la falta de actuación de ésta y de otros miembros de la familia adultos, que cierran los ojos para no ver lo que está pasando. Han vivido el aislamiento de toda la familia y el distanciamiento de tíos, primos, etc.Ante esta situación podemos encontrarnos varios supuestos:

 

– El niño que crece con esos patrones de conducta y los aprende como algo natural, con lo cual, tendrá muchas posibilidades de actuar igual que lo hacía su padre y podría convertirse en un nuevo maltratador.

 

– Otro supuesto es el niño o adolescente que crece defendiendo a su madre y odiando a su padre, probablemente se convierta en algo muy distinto a lo que fue su padre y su relación de pareja en un futuro estará fundada en el diálogo y la comunicación. Aunque no siempre sucede así y a pesar de haberlo sufrido directamente, lo repite en la edad adulta ya que no conoce otra fórmula de comportamiento ante los problemas.

 

Secuelas psicológicas
Sea cual sea el caso, está claro que vivir una situación de estas en tu propia casa y de la mano de unas personas que se suponen que tienen que cuidarte y enseñarte, resultará muy duro para niños y adolescentes y traerá secuelas a medio y largo plazo a nivel psicológico:

 

– Aparecen en estas personas una serie de dolores en partes del cuerpo como forma de canalizar el dolor emocional que han sentido. Estos dolores no tienen una causa física y a pesar de las múltiples pruebas diagnosticadas lo único que se detecta serán somatizaciones como reflejo del ambiente emocional vivido. Dolores de cabeza y musculares. Problemas de estómago, mala visión o audición son algunos ejemplos.

 

– También van a ser víctimas de algunos problemas psicológicos muy característicos después de haber vivido una situación de estrés, aparecerá depresión en forma de indefensión ante los problemas, tengamos en cuenta que estas personas conocen una forma de resolver los problemas (agresión) y al no querer utilizarla se sienten desvalidos y sin armas; no tienen estrategias de afrontamiento y se sienten indefensos. La angustia y los síntomas de ansiedad también serán muy frecuentes: ahogo al respirar, dificultades de sueño, taquicardias, temblores y mareos, etc.

 

– El aislamiento social al que fueron sometidos en su infancia ha formado a personalidades inseguras y con dificultades a la hora de comunicarse con los demás. La falta de confianza es otro factor preocupante. Al sufrir el maltrato de la persona que supuestamente les iba a cuidar y en quien podían confiar plenamente, su esquema mental se deshace y no confiaran en nadie. Se mostraran inseguros ante la cercanía de otras personas y les costará intimar con los demás.

 

– En la adolescencia podemos encontrarnos otros cuadros asociados más característicos de esta edad como fracaso escolar, hiperactividad, delincuencia juvenil o consumo de sustancias. Todo esto se produce como forma de rechazo a lo que les ha tocado vivir y como método de estimulación inmediato. Las drogas, alcohol y delincuencia les aísla de una realidad que no les gusta y les lanza a un mundo de colegas y amistades muy afines a ellos: sentimientos de abandono y de soledad les hacen unirse a bandas donde el compañerismo y el liderazgo son sus puntos fuertes.

 

– En los casos de maltrato prolongado durante años, se pueden provocar una serie de trastornos más graves como puede ser el trastorno de estrés postraumático o trastornos esquizoides caracterizados por el aislamiento social de la persona, con el consiguiente deterioro en todas sus funciones.

 

– En la edad adulta tendrán dificultades a la hora de iniciar y mantener relaciones estables de pareja y de amistad con el sexo contrario, produciéndose en algunos casos problemas de evitación o de dependencia hacia estas personas posibles parejas. Miedo al compromiso, ideas negativas respecto a la fidelidad y al amor. Respuestas exageradas ante la mínima discusión, son algunas de las conductas que pueden aparecer en una victima de maltrato.

 

– La baja autoestima y la inseguridad también ocuparán un lugar prioritario en una victima de maltrato aunque sea indirecto. En una familia maltratada es muy difícil que un niño crezca aprendiendo unos valores que le ayuden a reforzar su personalidad y a confiar en sí mismo. Muchas veces los niños son abandonados al cuidado de una madre depresiva, ansiosa, indefensa y con muchos miedos. El patrón no es el mejor para que un niño crezca sano.

 

– El chico que crece viendo a su padre maltratar a su madre podrá desarrollar los dos extremos de esa conducta: será un maltratador igual que su padre o será un conciliador y pacifista. El papel de defensor de la madre hace que estos chicos asuman responsabilidades antes de tiempo y asuman el papel de cuidador cuando realmente son ellos los que tienen que ser cuidados. Esto hace que tengan muchas pérdidas afectivas y que todos le tomen por fuerte, cuando no le ha quedado otro remedio que serlo. Es probable que sea un chico responsable y serio, aplicado en los estudios y ordenado con el sólo fin de no ayudar a incrementar el mal humor de su padre. La culpabilidad también puede aparecer y pensar que si se portan bien su padre cambiará; nada más lejos de la realidad. Este sistema de creencias formará una personalidad insegura y culpabilizadora que le hará sentir inferior el resto de su vida.

 

FUENTE: Terra Mujer – Vicenta Sanz Herrero, Psicóloga clínica

 

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